viernes, 17 de febrero de 2012

Dan Brown en Ángeles y demonios

Dan Brown Ángeles y demonios

Su espíritu juvenil estaba viviendo en un cuerpo mortal. Era el primero en abrazar lo que él denominaba “el arte perdido de pasarla bien”. No parecía interesarle ganar ningún premio a la hospitalidad. La información sólo es tan válida como su origen. Estaba empezando a fundir ciencia y religión, demostrando que se complementaban de formas insospechadas. A veces para encontrar la verdad hay que mover montañas. La materia no es más que energía atrapada. Como mi padre lo deja siempre: Caos ordenado. Los secretos son un lujo que ya no nos podemos permitir. Ciencia y religión defienden la misma verdad. La energía pura es el padre de la creación. El miedo mutila con más rapidez que cualquier arma de guerra. La traición no dejaba de maravillarlo. La ciencia causa la mitad de los problemas que intenta resolver. La realidad hizo acto de presencia y la envolvió con su garra helada. Podía ser de ayuda, tenía la obligación moral de actuar. Desprendía una aureola de compostura, un resplandor de entereza casi magnético. Su respiración parecía más profunda, como si el instinto de conservación hubiera alumbrado en su interior… Todos estamos buscando la verdad, algo que nos sobrepasa. Alzó la cara hacia el cielo e inhaló una profunda bocanada de aire, como si los rayos del sol le transmitieran cierta energía mística reparadora. Solum Deum prae oculta, sólo a Dios delante de los ojos. Le ofreció una sonrisa cansada. Se relajó, entrecerró los ojos, respiró hondo tres veces. Notó que el ritmo de su corazón era más lento y que sus músculos ya no estaban tensos. El pánico caótico de su mente se desvaneció. Unos ojos verdes casi radiantes, que brillaban como alimentados por los misterios del universo. La capacidad de comunicar la esencia de la espiritualidad. Un Papa solía trabajar unas catorce horas al día, siete días a la semana, y, según la media estadística, moría de agotamiento al cabo de seis años. Se decía que aceptar el papado era la “ruta más rápida para ir al cielo”. Siempre que te sientas asustado recuerda que Dios es tu padre. El te vigilará y protegerá siempre. Dios me llamó. Quería salvarme. Abandona todo temor, se dijo, y entrega esta noche al Señor. Estoy abierto a todo tipo de sugerencias. Buceando en su memoria. Encontraba un inexplicable refugio en sus ojos, como la armonía del mar. Anda erguida, sonríe y haz que se pregunten cuál es el secreto que te hace reír. Dame fuerzas. Concédeme la capacidad de perdonar. Todos los estímulos que le habían impulsado habían desaparecido de su mente. Situaciones difíciles podían unir a dos personas de una forma que no conseguirían décadas de vida en común. Sentía algo que no había experimentado en años. Soledad. El dolor le dio fuerzas. Cada uno de nosotros es Dios, había dicho Buda. Cada uno de nosotros lo sabe todo. Sólo necesitamos abrir nuestras mentes para escuchar nuestra propia sabiduría. El silencio que siguió fue atronador. Enséñame el camino. Padre. Dame las palabras necesarias para comunicarles Tu visión. La verdad os hará libres. A veces, nuestras mentes ven cosas que nuestros corazones desean. Los caminos del Señor son inescrutables.


miércoles, 1 de febrero de 2012

Dan Brown en El Símbolo Perdido

La finalidad de los tatuajes nunca había sido la belleza. La finalidad era cambiar. El acto de tatuarse la propia piel era una transformativa declaración de poder, un anuncio al mundo: “Tengo el control de mi propia carne.” El espíritu humano anhela el dominio de su revestimiento carnal.

Su aspecto era más que respetable para un hombre de cuarenta y tantos años. La única diferencia era el esfuerzo que debía invertir para mantenerlo así.

La verdad es poderosa y tiene su propia gravedad; finalmente, la gente se vuelve a sentir atraída hacia ella.

En tiempos felices se usaba un lenguaje feliz.

El conocimiento es una herramienta, y como todas las herramientas, su impacto está en manos del usuario. El saber es poder, y el saber adecuado permite al hombre llevar a cabo tareas milagrosas.

La primera vez es siempre la peor.

Al meditar sobre la inevitabilidad de la muerte, obtiene una valiosa perspectiva sobre la fugaz naturaleza de la vida.

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza. El Reino de Dios está en tu interior.

¿Oye alguien nuestras oraciones? ¿Hay vida después de la muerte? ¿Tiene alma el ser humano?

He aprendido a no cerrar nunca mi mente a una idea sólo porque parezca milagrosa.

No todo el mundo lo sabe todo.

Por encima de mi salario.

Publicar libros sería mucho más sencillo sin los autores.

Los grandes cerebros siempre son temidos por los inferiores.

La sangre es lo único que separa la luz de la oscuridad.

Están los que crean… y los que destruyen.

Si algo nos ha ensañado la historia es que las ideas peregrinas que ridiculizamos hoy un día serán verdades célebres.

El treinta y tres es un número sagrado en numerosas tradiciones místicas.

Los humanos que hablaban con fuerzas invisibles y solicitaban ayuda eran una especie en extinción en este mundo moderno.

Exhortaba al hombre a buscar a Dios no arriba, en el cielo… sino más bien dentro de sí mismo. El reino de Dios está en tu interior, dijo Jesucristo. Conócete a ti mismo, aconsejó Pitágoras. ¿Acaso no sabéis que sois dioses? aseguró Hermes Trimegisto.

Solía preguntarse a menudo si habría vida después de la muerte. ¿Existe el cielo? ¿Qué pasa cuando morimos?

El concepto de “vida después de la muerte” era una invención humana, un cuento de hadas destinado a suavizar la terrible verdad de nuestra condición mortal.

El ser humano posee o no algún tipo de conciencia capaz de persistir fuera del cuerpo.

Llamaban al alma “partícula de Dios” y creían que volvía al Ser Supremo después de la muerte.

Todas las grandes verdades son simples. Con frecuencia, los tesoros más valiosos son los más simples.

Como cualquier padre que ha perdido a su hijo, solía pensar con frecuencia en la edad que tendría su muchacho… y se preguntaba a menudo cómo habría sido y lo que habría llegado a ser.

Atenea, la diosa de las empresas heroicas.

Las valiosas palabras de aquellos sabios, Buda, Jesús, Mahoma, Zoroastro y muchos más, habían sido transmitidas a lo largo de la historia en los vehículos más antiguos y valiosos. En los libros.

La Biblia y los antiguos misterios son dos cosas completamente opuestas. Los misterios hablan del dios que tienes en tu interior, del hombre como ser divino. La Biblia, en cambio, habla del dios que está por encima de ti… y presenta al hombre como un pecador sin ningún poder. ¿Acaso no sabéis que sois dioses? La única diferencia entre Dios y nosotros es que nosotros hemos olvidado nuestra naturaleza divina. Algún día el hombre evolucionaría hasta alcanzar la completa madurez espiritual. Decimos que Dios nos creó a su imagen, pero no es nuestro cuerpo físico lo que se parece a Dios, sino nuestra mente.

Las mentes pequeñas siempre atacan lo que no entienden.

El poder de cada pensamiento humano crece exponencialmente con el número de mentes que lo comparten.

Sintió que una poderosa fuerza comenzaba a expandirse en su interior. Era una emoción que nunca en toda su vida había sentido con tanta intensidad.

Era la esperanza.


viernes, 6 de enero de 2012

ANTOINE DE SAINT EXUPERY en EL PRINCIPITO

Todos los mayores han sido primero niños (pero pocos lo recuerdan).

Es una ocupación muy bonita y por ser bonita es verdaderamente útil.

Es el único que no me parece ridículo, quizás porque se ocupa de otra cosa y no de sí mismo.

Sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible para los ojos.

Lo más importante nunca se ve…

Dan Millman en Las doce puertas

Dan MilDan Millman Las doce puertas Febrero 2011.

Es bueno tener una meta; pero al final lo que cuenta es el viaje en sí. Ursula K. leGuin

PREPARACIÓN:

La escalera hacia el alma

Doce puertas hacia el desarrollo espiritual

Las puertas que conducen a la iluminación cotidiana

Programa de doce semanas para alcanzar la iluminación cotidiana.

LA PRIMERA PUERTA

Descubre tu valía

Apreciar tu valía interior

Descubrir lo mucho que vales libera tu espíritu.

Abrirse a la vida

LA SEGUNDA PUERTA

Recupera tu voluntad

Dentro de ti hay una fuerza por descubrir, la clase de fuerza que no cederá ante las adversidades.

En tu interior reside una gran fuerza de voluntad.

El poder de cambiar

LA TERCERA PUERTA

Tonifica tu cuerpo

Tu cuerpo es lo único

que sin duda conservarás durante toda la vida.

Es la base de tu existencia terrenal.

Al tonificar tu cuerpo

enriqueces tu vida,

pues acrecientas cada una de tus facultades humanas.

Si te falta vitalidad,

poca cosa puedes hacer;

pero si gozas de buena salud,

todo es posible.

Una base para toda la vida

LA CUARTA PUERTA

Administra tu dinero

El dinero es una forma de energía.

Al manejar bien tu dinero, con prudencia, compartes tu riqueza material y espiritual con el mundo.

Estabilidad económica y práctica espiritual

LA QUINTA PUERTA

Domina tu mente

El mundo es un reflejo de tu mente. Al despejar tu mente, percibes la realidad sencillamente tal como es.

Paz interior y realidad pura

LA SEXTA PUERTA

Confía en tu intuición

Si no confías en tus sentidos internos, ¿en qué vas a confiar?

Acceder a la guía interior

No hay una receta universal para vivir.

Cada uno de nosotros lleva su propia forma de vida en su interior: una forma irracional a la que nadie más puede acceder.

LA SÉPTIMA PUERTA

Acepta tus sentimientos

No puedes controlar tus sentimientos, por tanto no eres responsable de ellos;

sólo de tu respuesta frente a ellos.

Respeta tus sentimientos; pero no permitas que controlen tu vida

LA OCTAVA PUERTA

Enfréntate a tus miedos

El miedo te lanza señales o advertencias, es capaz de limitar tu vida.

El valor no consiste en la ausencia de miedo, sino en vencerlo.

Vivir como guerreros pacíficos

LA NOVENA PUERTA

Ilumina tu sombra

Te convertiste en “esto” y no en aquello. Los contrarios ocultos saldrán a la luz algún día.

Al liberar la energía que antes permanecía aprisionada para defender cierta imagen de ti mismo,

recuperarás vitalidad, discernimiento, humildad y compasión.

Cultivar la compasión y la autenticidad

LA DÉCIMA PUERTA

Acepta tu sexualidad

Los anhelos y los apetitos (por el sexo, por la comida o por la vida misma) son tan naturales en ti

Como las nubes en el cielo o las olas en el mar.

La vida no consiste en dar rienda suelta a sus energías o privarse de ellas,

sino en observarlas, aceptarlas y canalizarlas de manera adecuada.

Celebrar la vida

Todos los animales excepto el hombre saben que el principal objetivo de la vida es disfrutarla.

LA UNDÉCIMA PUERTA

Despierta tu corazón

El amor es el gran secreto de la vida. El amor te lleva a comprender a todos los seres, cosas y circunstancias.

Estás aquí para convertirte en tu ser superior.

El poder curativo del amor

LA DUODÉCIMA PUERTA

Sirve a tu mundo

El mundo te ha apoyado, alimentado e instruido.

Haz todo cuanto esté en tu mano para pagar una deuda ilimitada de gratitud.

Al dar a los demás, te abres al amor, a la abundancia y a la paz interior.

No puedes ayudar a los demás sin ennoblecerte tú mismo.

Completar el círculo de la vida

El propósito de la vida no es ser feliz, sino importarle a alguien, ser productivo y útil,

Conseguir que algo cambie en el mundo por el hecho de que hayas vivido.

CONCLUSIÓN

Practicar la iluminación cotidiana

El alumno percibe lo ocurrido; el profesor sabe qué ocurrirá; el maestro comprende lo que ocurre en su interior.

Estás en la escuela de la vida.

La vida cotidiana como práctica espiritual

Final de viaje

Cuando recorras los caminos que se abren ante ti, no olvides tu sentido del humor, tu perspectiva, tu condición de ser humano.

jueves, 5 de enero de 2012

Julio Cortazar en Rayuela

Hasta que te cansaste de no estar cansada. De golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida.Mirándome la mano que había dormido con tus senos. Apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente. Hasta que te cansaste de no estar cansada. De golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tumente. Me hartabas un poco con tu manía de perfección. Con tu negativa a aceptar lo aceptable. Es decir que en todo acto había la admisión de una carencia, de algo no hecho todavía y que era posible hacer. Lo único cierto era el peso en la boca del estómago, la sospecha física de que algo no andaba bien. El ejercicio de una conciencia más atenta a no dejarse engañar que a aprehender la verdad. ¡Se lo digo yo, carajo! Ese yo, ¿qué valor probatorio tenía? No se desafía a la gente en esa forma, se lo digo yo. “se lo digo yo” finamente disimulado, se sucedían los “siempre he creído”, “si de algo estoy seguro”, “es evidente que”. Feliz de ella que podía creer sin ver. Ponerse frente a frente con eso que ella llamaba modestamente “la vida”. Dejando que ocurriera lo que tenía que ocurrir. Nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Te siento temblar contra mí como una luna en el agua. Todas las peceras al sol, y como suspendidos en el aire cientos de peces rosa y negro, pájaros quietos en su aire redondo. Usted es como una reina de baraja, toda de frente pero sin volumen. ¿A qué le llama tiempos viejos, usted? A mí todo lo que me ha sucedido me ha sucedido ayer, anoche a más tardar. Aquí todo le duele, hasta las aspirinas le duelen. Le revienta la circunstancia. Más brevemente, le duele el mundo. Le importaban las cosas sin importancia. En realidad ya no nos aguantamos demasiado. Para la autobiografía sentimental sos de una franqueza admirable. Hasta que sepamos a qué atenernos, como dice mi hermano con su bello estilo. No te veo llorando. Para vos sería como un desperdicio. En realidad después de los cuarenta años la verdadera cara la tenemos en la nuca, mirando desesperadamente para atrás. A mi edad el pasado se vuelve presente y el presente es un extraño y confuso futuro. Se acarician con una lenta gracia de gatos o de plantas. Hay que reinstalarse en el presente. Un señor enormemente bajo. Estar por lo menos solo-entre-los-demás. De golpe, en la mitad de una sonrisa la boca se te convierte en una araña peluda. Un tiempo en que nadie estaba intranquilo, los tranvías eran a caballo y las guerras ocurrían en el campo. Le gustaba viajar en tren si al final había algún amigo esperándola. Había nacido la única música universal del siglo, algo que acercaba a los hombres más y mejor que el esperanto, la Unesco o las aerolíneas. Vos buscás algo que no sabés lo que es. Yo también y tampoco sé lo que es. Pero son dos cosas diferentes. Era una yerba perfectamente asquerosa. “Si se me acaba la yerba estoy frito”. “Mi único diálogo verdadero es con este jarrito verde.” Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas. -Se va haciendo lo que se puede- Marcando las horas y los minutos de las sacrosantas obligaciones castradoras. Varios fósforos perdieron la cabeza. Manoteando mentalmente algo que decir. Era inconcebiblemente feliz. El contento se iba poco a poco como si siguiera andando solo por la calle en vez de quedarse con él bajo el portal. Tirarse en la cama, quedarse dormido por un par de años. Su cara siempre ávida a la hora de la ignorancia. Sería estúpido negar una realidad, aunque no sepamos qué es. Hago cosas que me quitan un poco el mal gusto del vacío. Nosotros somos como las comedias cuando uno llega al teatro en el segundo acto. Todo es muy bonito pero no se entiende nada. -Sin palabra alguna yo siento, yo sé que estoy aquí- A eso le llamo la realidad. Aunque no sea más que eso. A mí se me escapa la relación que hay entre yo y esto que me está pasando en este momento. Pero además hay que vivir. Lo bien que estamos al lado de esta estufa que tira tan meritoriamente. No es que haya que intentar vivir, puesto que la vida nos es fatalmente dada. La vida se vive a sí misma, nos guste o no. Mucho de lo que me rodea es absurdo, pero probablemente damos ese nombre a que no comprendemos todavía. -La acción puede servir para darle un sentido a la vida- Sentía que el cansancio se le había subido a babuchas, lo tironeaba hacia abajo, le costaba respirar, moverse. Con un clavo había sujetado una lámpara en la pared, y una pantalla de papel de diario organizaba esmeradamente la luz. Qué borrachera tiene esta mujer, hasta el alma le huele a coñac. Ningún llanto es eterno, las viudas se casan de nuevo. Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo. Irremisiblemente. -Pero usted trabaja, se ve- lo acusó. –Oh, no. –No es una vergüenza, siempre que no se abuse. Aceptar el peor de los olores, la mugre humana. Había dicho que si no se esperaba jamás se encontraría lo inesperado. Se internaron juntos en otro litro de tinto. Dormían mucho de día, no tanto por el cansancio sino por un principio de fiaca que respetaba. Un contrasilbido lamentable, mezcla de pava hirviendo y chirrido desdentado. El silbido no era un tema sobresaliente en la literatura. Pocos autores hacían silbar a sus personajes. Había una silla donde se desbordaba una señora de negro. Es incalculablemente idiota. -¿Vos realmente sos un tipo culto o solamente la embocás? –preguntó con cierto asombro. Naturalmente a vos te revienta que cualquiera diga algo que te hubiera encantado decir antes. “Todo se encadena perfectamente si a uno se le da realmente la gana.” Se decía que al fin y al cabo las cosas no estaban tan mal como estaban. El gusto hispano argentino de querer convencer y no aceptar jamás la opinión contraria. Los problemas son como los calentadores Primus, todo está muy bien hasta que revientan. Tampoco nosotros hablamos mucho ahora. Cierto. Es la humedad. Una voz de enana resfriada. Siempre le habían caído horriblemente simpáticos. El hombre era verdaderamente el animal que se acostumbra hasta a no estar acostumbrado. De golpe cuatro enfermos al tacho, un saque de guadaña de esas que te la debo. Llegó con varias ginebras a medio asimilar. No se sorprendía de nada. Anda a los tropezones con el mundo. Tout va très bien, madame la Marquise. La melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas. Cuando creés que has aprehendido plenamente cualquier cosa, la cosa lo mismo que un iceberg tiene un pedacito por fuera y te lo muestra, y el resto enorme está más allá de tu límite. ¿Por qué, a ciertas horas, es tan necesario decir “Amé esto?” Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá. Las razones de arriesgar el presente por el futuro. Los hijos suelen ser la coartada de las madres para no hacer nada que valga la pena en esta vida. Una lenta retirada como cuando se empieza a visitar cada vez menos a un amigo. Después de mí será cualquier otro, eso se cambia como los corpiños. Confundían necesidad con rutina. Tenían razón, como lo sabe cualquier poeta, porque eso no era más que un momento en la complicada peladura de la banana. Lo ya escrito condiciona apenas lo que está escribiendo, después de centenares de páginas, ya ni se acuerda de mucho de lo que ha hecho. Con lo cual le ocurre que una enana de la página veinte tiene dos metros cinco en la página cien. Hay escenas que empiezan a las seis de la tarde y acaban a las cinco y media. Un asco. Qué lejos está mi país, che, es increíble que pueda haber tanta agua salada en este mundo de locos. En cambio hay menos aire. Treinta y dos horas, nada más. Mirá cómo se quieren. Se miran de una manera. Al tipo se le sale el vino por los ojos, che. Ternura a once grados y bastante tanino. Ancianas marquesas empobrecidas que beben un te minucioso y alargado con falsos embajadores polvorientos. La verdadera condena es eso que ya empieza: el olvido del Edén, es decir la conformidad vacuna, la alegría barata y sucia del trabajo y el sudor de la frente y las vacaciones pagas. Rompe la dura costra mental, como decía no sé quién, y empieza a ver el mundo desde un ángulo diferente. Claro que a eso es lo que le llaman estar piantado. Quitándole el cigarrillo y chupando con una especie de avidez de cine mudo. Hay una diferencia bien conocida entre el ignorante y el tonto, y cualquiera lo sabe menos el tonto, por suerte para él. Preguntaba por qué los árboles se abrigaban en verano. No tenía ninguna fe en que ocurriera lo que deseaba y sabía que sin fe no ocurriría. Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre tampoco. El hombre es el animal que pregunta. El día en que verdaderamente sepamos preguntar, habrá diálogo.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Alejandro Nicolau EL LIBRO DE LA ALEGRÍA

Alejandro Nicolau EL LIBRO DE LA ALEGRÍA Ediciones Trompetas

27/11/2011

Para el Abuelo:

Porque justamente a vivir con alegría me enseñas cada vez que compartimos una de nuestras súper aventuras…

Con todo mi cariño.

Mucha música, mucha luz.

Danita.

Los escritores, como todos los artistas, son sostenidos por toditas esas personas que no han tenido la posibilidad de leer ni de escribir.

Yo quiero seguir caminando y mirando, yo quiero el amor y la paz.

La mirada concentrada como quien está a punto de patear un penal.

y que son unos hijos de puta y, como suele pasar con esas palabras, culatazo en la nuca y adentro.

Eran puntuales como las primeras salidas de una parejita de novios recién inaugurada.

Salió al encuentro de Milagritos: ella dulce hasta los codos iba a venir con el beso nuevo dispuesto en la boca.

Después volver a su casa en un paseo lento de caracol.

A Milagritos el viento le corría por los cabellos como un meandro dulce.

“Vendrá el sueño y, como el mar, me llevará adentro”


miércoles, 28 de septiembre de 2011

Claudia Piñeiro en Tuya

Claudia Piñeiro Tuya

Regalo de Salva traído de Buenos Aires. 24 de Septiembre de 2011.

Parece que no, pero las tareas de la casa, cuando una quiere tener todo perfecto, te agotan.

¿y si me pasa como a mi mamá que por preguntar le salió el tiro por la culata? Porque ella lo veía medio raro a papá y un día fue y le preguntó: “¿Te pasa algo Roberto?”. Y él le dijo: “¡Sí, me pasa que no te soporto más!”. Ahí mismo se fue dando un portazo y no lo volvimos a ver. Pobre mi mamá.

Teniendo tantas cosas no me voy a andar fijando justo en lo único que me falta.

En definitiva, y por más que a una le pese, a toda mujer, en algún momento, le meten los cuernos. Es como la menopausia, puede tardar más o menos, pero ninguna se salva. Hay algunas que nunca se enteran. Ésas la pasan mejor, porque para ellas la vida sigue igual.

En los accidentes no hay culpables sino víctimas.

Nadie tenía la culpa de nada. La culpa es “guacha” como decía mi papá.

Las amigas de mi hijo tienen nombre.

Estaba nerviosa. Me di cuenta porque no sabía qué hacer. Uno no ve matar a una mujer todos los días; y mucho menos que quien la mate sea su marido, el de una. Suena tan rotundo, tan de dedo índice agitado en el aire, tan de maestra ciruela.

Las cosas son como son por algo.

Como decía mi mamá, el día que cambiás un cuerito, sonaste, porque ya creen que sos plomera diplomada y no agarran un destornillador ni que se esté inundando la casa.

La cosa se empezaba a poner más difícil, pero también más entretenida. Paré en una peluquería y me hice depilar. Como decía mi mamá “una siempre tiene que andar por la calle depilada y con la bombacha limpia”. En esta vida hay que estar siempre preparada.

Estoy preocupado, me dijo y me tomó las manos por sobre el escritorio. Creo que no me tomaba las manos así desde hacía unos quince o dieciséis años. Mi mamá me hubiera dicho: “Con los hombres es más peligroso un ramo de flores que una cachetada”.

Lo más lindo que me dijo en la vida fue “yo también”, después de un “te quiero” mío.

Es un hombre maravilloso, pensé. No como esos que se sacan la calentura afuera y después vienen a sacarse la culpa en casa. “Querida, no puedo mentirte, tengo que confesarte que me encamé con tu mejor amiga”, dicen. “¡Pero mentime, hijo de puta, que es lo menos que me merezco!”.

La medicina forense califica de traumatismo a toda violencia ejercida sobre un organismo humano. Cuando el traumatismo se produce por el choque de un cuerpo de superficie regular o irregular, contra un cuerpo humano o animal, llamamos al mismo contusión.

Esa es la ley de la vida, unos nacen, otros mueren. Nadie sabe cuándo te va a tocar el turno, pero que te toca, te toca.

Me saqué de encima el mote “la hija de Blanca” cuando pasé a ser “la mujer de Ernesto”.

Hay pocas cosas irreversibles en la vida, la muerte, que te corten un brazo, tener un hijo. De esas cosas no hay retorno posible. Para bien o para mal.

Hay gente que pasa por la vida sin dejar huella. Tristísimo.

Después de veinte años, el matrimonio deja de ser lo que es para convertirse en lo que uno cree que es.

Hasta la mejor atracción sexual se termina cuando llega el orgasmo. Y después te quiero ver remontando el barrilete de nuevo.

Yo no encontraba calma. Era como que el cuerpo me quedaba chico.

Iba a tener que madurar, no le iba a quedar otra. A los golpes, como nos pasó a tantos.

Para Lombroso, el típico delincuente tenía mandíbula ancha, orejas grandes, brazos largos y pómulos altos.

-Es linda la gorda, ¿eh? -Sí, es relinda. -¿A quién se parece? -A nadie, por suerte no se parece a nadie.