viernes, 22 de julio de 2011

Anónimo en Cuentos Africanos

Anónimo Cuentos Africanos

El bebé de un avestruz es mucho más valioso que cien crías de pájaro tejedor.

No estoy diciendo que sea imposible. Cualquier cosa puede ser posible hoy en día.

-¡No –contestó el Cuervo- no, yo no te llevaré, no; no podrás contar que haya sido yo el que frutas verdes comiera!

¡No –contestó el Milano- no! No podrás jamás contar que yo haya comido ratas muertas.

Era terca Untombina, y lo más fácil de suponer era que el Monstruo la devorase.

La hija de vuestro rey es esbelta como el árbol de la altura y tan lozana como la fresca hierba que brota después de las lluvias fecundas.

¡Es más astuto que una Comadreja!

Yo fui quién rompió el hueso para que vosotros, niños, os aprovechaseis del meollo.

Una tórtola de negra garganta, de la especie que los basutos llaman kurkundudorú y los bámbaras butumtuba-kanfi.

¿Qué dices, insensato? ¿Quieres darme a entender que ya estás lo suficientemente gordo para servirme de almuerzo?

¡Si yo miento, rómpeme la cabeza, así como la de mi nieto, que ves aquí! ¡Ofrece tu cabeza, pero no la mía! Protestó el nieto.

¿Me habré casado, sin saberlo?… Esta comida es obra de una mujer, sin duda alguna…

Gozó de una existencia paradisíaca en compañía de su bella esposa, que le narraba cuentos maravillosos y le confeccionaba platos exquisitos.

No supo resistir a la tentación de beber.

Más sólo que un leproso.

Una misteriosa y suave música arrullaba sus oídos. Era música más dulce que la de la tórtola llamando a su macho; más suave que el murmullo del viento entre las campanillas en flor.

Avanzó con paso silencioso y con gran cautela, como el leopardo en acecho.



No hay comentarios:

Publicar un comentario